Una adolescente subió a un autobús para ir a casa, pero nunca llegaría con vida.

Las luces brillantes de la estación de Greyhound proyectaban largas sombras mientras Maya, de diecisiete años, subía al autobús nocturno, ansiosa por llegar a casa para el cumpleaños de su hermanito.

El viaje comenzó en silencio, con solo un puñado de pasajeros y kilómetros de carretera oscura por delante.

Horas después, el autobús se detuvo inesperadamente en una carretera desierta rodeada de un denso bosque.

Sin señal de teléfono ni explicación alguna, la inquietud se apoderó del autobús.

Dos pasajeros se levantaron al unísono, con la mirada fija en Maya. En ese momento aterrador, ella comprendió que el autobús casi vacío tal vez no había sido una coincidencia.

Al amanecer, el autobús completó su ruta, pero Maya se había ido para siempre.

Be the first to comment

Leave a Reply

Your email address will not be published.


*